CIENCIA ANTIGUA, CIENCIA MODERNA

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         Introducción. Características de la Física moderna (clásica). La Física renovada del siglo XX. La ciencia antigua vista desde el presente. Lagunas en la interpretación de los hechos: el caso de la Medicina como ejemplo. El necesario reencuentro entre la vieja y la nueva ciencia. Notas. Lecturas recomendadas.

 

         Introducción

         1) Las últimas investigaciones de los historiadores de la ciencia conceden un papel principal a la Astrología como estructura vertebradora de muchos otros campos del saber hasta los siglos XVII y XVIII, y fue enseñada en las universidades europeas hasta la gran crisis de esa época. Su papel hegemónico es varias veces milenario; el máximo desarrollo y esplendor que ha alcanzado hasta el momento debemos situarlo en Babilonia, hacia el siglo V a.C.

         2) Después pasó a Occidente por Asia Menor y Grecia, perdurando en Europa, con altibajos, hasta entrado el Renacimiento. Aparte del progresivo deterioro que proporciona el paso del tiempo, los astrólogos se apartaron en esa época de la corriente renovadora de la ciencia emergente; dicho de otro modo, aislados junto a los teólogos, adheridos todos ellos a aspectos trasnochados de la doctrina aristotélica (o, mejor aún, escolástica) como un salvavidas que les evitase la necesidad de reflexionar sobre las propias debilidades de su sistema, se precipitaron en una noche oscura que dura hasta entrado el siglo XXI. 

          Lentamente hemos asistido a la publicación de obras de quienes se atrevieron a hablar de nuevo de los influjos de las estrellas, a la realización de consultas, a la confección de horóscopos y predicciones en periódicos, revistas, etc. Durante la década de los 70 tuvo lugar el primer Congreso astrológico en España y a partir de los 80 este tipo de reuniones pasó a tener periodicidad anual. Simultáneamente se observó un pujante movimiento astrológico en toda América y Europa, así como un creciente interés por rescatar del olvido las obras más clásicas, publicarlas y revisarlas.

         Pero el camino por andar aún es largo, muy largo...

         Los científicos, en general, no quieren oír hablar de Astrología, ni para bien, ni para mal; mayormente sienten aversión, algunos por ignorancia o inercia histórica, otros porque lo único que alcanzan a conocer de ella son los horóscopos de los periódicos, algunos personajes pintorescos que incluso han llegado a altas cuotas de audiencia en los medios, etc.

         Por su parte, tan lamentable o más que lo anterior es que muchos conocedores de la Astrología sientan aversión por lo científico y crean, sientan y piensen que su ciencia nada tiene que ver con la Física, la Biología y otras disciplinas similares en su versión universitaria actual.

         Cuando hay dos bandos, ambos deben dar un paso si quieren acercarse uno al otro; para entenderse, primero es necesario escucharse. Y en lo que toca al bando astrológico, si toda esa tradición no se renueva y actualiza dentro de lo que alcanza la ciencia en estos momentos, quedará reducido a un grupúsculo marginal con influencia en algunos sectores sociales muy estrechos, pero nula o escasa repercusión hacia el exterior.

         Hay que romper con los dogmas a los que muchos siguen adheridos -por miedo, ignorancia o pereza al esfuerzo que ello requiere- si se desea avanzar y superar el trauma de la ruptura de hace tres siglos. En todo caso, el progreso del conocimiento seguirá su camino de manos de la insaciable curiosidad humana, porque las condiciones objetivas para una nueva formulación de la Astrología no sólo están dadas, sino que la propia dinámica de los acontecimientos la hace cada vez más plausible y cercana.

         A todos los que dudan del otro bando les dedicamos el siguiente escrito de Galileo a Kepler, asqueado por la actitud de los ortodoxos de su época, los escolásticos:

         Tú eres el primero, quizá el único, que después de una paciente investigación, has dado crédito completo a mis afirmaciones... ¿Qué dirías de los filósofos más importantes a quienes me he ofrecido cientos de veces, por propia voluntad, para enseñarles mis estudios, y que, con la perezosa obstinación de una serpiente después de comer, nunca han consentido en mirar los planetas o la luna por el telescopio?(1).

 

         Características de la Física moderna (clásica)

         Desde su máximo esplendor en Babilonia a la práctica extinción de la ciencia de los influjos de las estrellas en Europa tuvieron que pasar más de 2.000 años; la Física que surgió entonces con Galileo, Kepler, Newton y la pléyade de sabios que les sucedieron, tras el auge imparable de sus principios y de sus enormes éxitos, tardó menos de tres siglos en verse cuestionada. De hecho, hoy se la conoce como Física Clásica y tiene unas aplicaciones restringidas.

         La Mecánica newtoniana permitió unos avances tan asombrosos y revolucionarios que algunos llegaron a creer que se trataba de algo definitivo; tal éxito alcanzó que otras partes de la Física y de la Química se trataron de explicar reduciendo todo a términos mecánicos. Por supuesto, del pensamiento de los fundadores no quedaron sino las expresiones matemáticas, surgiendo así lo que hoy llamamos mecanicismo, reduccionismo, racionalismo, positivismo, etc., muy alejados de las intenciones y sentir de sus iniciadores.

         Esta ciencia, que podemos llamar "moderna", o sea, la surgida a partir de los siglos XVII-XVIII, se caracterizó (y aún continúa haciéndolo, puesto que las maneras de pensar y actuar no cambian de la noche al día en estas materias) por lo siguiente:

         a) Descomposición de los sistemas para su estudio y descripción en partes independientes unas de otras, así como separación de unos fenómenos de otros; es decir, se basa en el análisis y el despiece de las partes. Por ejemplo, en Medicina dio origen a la Anatomía tal como la conocemos (del griego anatomein, "disecar"). En materia de Astrofísica el globo terrestre se considera suspendido en el espacio y puede hacerse abstracción de cualquier clase de influjo que venga de fuera (su debilidad lo hace despreciable).

         Caricaturizando un poco este punto de vista, el mito de Frankestein podría ser una realidad en el futuro; juntando trozos de distintos cadáveres y soldándolos adecuadamente, podríamos revivir y disponer de una persona nueva.

         b) La masa (m), el tiempo (t) y el espacio (s) son variables absolutas e independientes entre sí, tal es la sensación recibida por cualquier mortal en su experiencia común. El universo se halla constituido de partículas y espacio vacío (en materia de Mecánica; la Electricidad introduce el concepto de carga eléctrica).

         Veremos enseguida que estas simplificaciones equivalen a asegurar que la Tierra se halla en reposo y todo el cielo gira alrededor de nosotros (primera percepción, evidente en sí misma si no se profundiza algo más). Más de uno dio con sus huesos en la hoguera por afirmar lo contrario, que es lo que casi todos saben actualmente; dicho de otro modo, que el sentido común en ciencia es el menos común y fiable de los sentidos.

         c) Despreciar las interacciones débiles (no se consideraba que pudieran ser decisivas). Por ejemplo, la radiación de un planeta, o su gravedad, por estar tan alejado de nosotros y ser tan ínfimas, no tienen la menor relevancia y su influjo es nulo para la Tierra (y de paso, la Astrología una creencia vana).

         d) La suma de las partes es igual al total, como una casa es el conjunto de ladrillos que la forman. Esto puede resultar útil para sistemas sencillos, como una mezcla de gases, disoluciones, etc., pero no para los seres vivos, y menos aún cuanto más complicados son éstos (volvemos a Frankestein).

         e) El observador es independiente de lo observado; si acaso su juez, que hace y deshace a su antojo en cualquier experiencia científica.

         f) El universo está abocado a la muerte térmica (principio de Clausius, aumento constante de la entropía del universo). En materia astronómica, que nos interesa aquí especialmente, se consideró el Sistema Solar como un perfecto y acabado mecanismo de relojería; la Mecánica nacida de Newton explicó casi todo con una exactitud desconocida hasta entonces y predijo la existencia de nuevos planetas, que, efectivamente, fueron calculados y observados (Urano, Neptuno y Plutón). Sólo fallaba la posición de Mercurio, que acumulaba 42´´ de arco en un siglo (un error mínimo, pero constatable).

 

         La Física renovada del siglo XX

         En estas convicciones más bien metafísicas se movían nuestros hombres de ciencia cuando todo cambió al finalizar el siglo XIX y empezaba el XX:

         Efectivamente, en los comienzos del presente siglo [XX] se hallaba muy extendida entre los científicos la creencia de que el Sol ejerce un influjo decisivo sobre gran parte de los fenómenos de nuestro Planeta y que las investigaciones de Física del Globo había que orientarlas hacia un conocimiento más exacto de esta influencia del Sol sobre la Tierra(2).

         El Observatorio del Ebro ha sido una de las pocas instituciones científicas españolas pioneras en su campo, realmente una excepción en el panorama de finales del siglo XIX y comienzos del XX, precisamente por la fe que tuvieron sus fundadores jesuitas en que la Física terrestre se halla relacionada con otros elementos del Sistema Solar:

         Poco antes del eclipse de 1905, el famoso profesor Frank Bigelow visitó el Observatorio, del que sólo tenía una vaga noticia. Al explicar el Padre Cirera a dicho señor, especialista precisamente en meteorología cósmica, desde lo alto de la torre del pabellón Meteorológico el objeto de los distintos pabellones Magnéticos, Sísmico, Eléctrico y Astrofísicos, que desde allí se descubren, volviéndose hacia el Padre Cirera, con marcada admiración y gesto expresivo, le dijo: "¿Cómo ha podido usted pasarme delante? Yo pensaba hacer un Observatorio parecido en los Estados Unidos"(3).

         En esos mismos años iniciales del siglo XX algunas de las leyes hasta entonces conocidas se revelaron inaplicables al mundo microscópico de los átomos (cuantificación de la energía, Planck, 1900); esos pequeños osciladores no emiten ni absorben cualquier cantidad de energía, sino múltiplos de un valor elemental (cuanto). En particular, la energía y la frecuencia de un oscilador microscópico se hallan relacionados por la ecuación E = h.f (E=energía, h=constante de Planck, f=frecuencia).  

         En 1905 Einstein daba a conocer sus trabajos sobre Relatividad Restringida, según los cuales la masa, el tiempo y el espacio no son absolutos en sí mismos, sino relativos e interdependientes. En particular, la masa (m) y la energía (E) son proporcionales, y la constante de proporcionalidad es el cuadrado de la velocidad de la luz: E = mc2. Al ser invariable la velocidad de la luz, el tiempo, la masa y el espacio dependen de la velocidad con que se mueve el observador.

         En 1916 Einstein dio a conocer una versión más amplia, la Teoría de la Relatividad Generalizada; a partir de ella la gravitación ya no se considera como una fuerza a distancia (Newton), sino una propiedad del continuo espacio-tiempo, que se curva en la proximidad de la materia y determina el movimiento de los cuerpos en el campo.

         La introducción de esta teoría en los cálculos astronómicos permitió explicar y corregir el error de 42´´ de arco observados en la órbita de Mercurio; del mismo modo predecía la curvatura de los rayos de luz en torno de grandes masas, e igualmente el desplazamiento hacia el rojo del espectro de los átomos al entrar su luz en los campos gravitatorios, lo que se comprobó experimentalmente. Del mismo modo, se recurrió a la famosa ecuación E=m.c2 en la II Guerra Mundial para fabricar la bomba atómica, en la que encuentra su fundamento el uso de la energía nuclear.

         Otra de las facetas novedosas de la Física surgida a partir de Einstein es la importancia que se concede al observador, poco o nada tenida en cuenta en los últimos siglos, y, como veremos, primordial en la ciencia antigua.

         Los viejos conceptos siguieron su radical transformación con la proposición y posterior descubrimiento de la dualidad onda-corpúsculo (Louis de Broglie, 1924) y el Principio de Indeterminación de Heisemberg (1927). Los electrones y otras partículas similares son interpretables también como ondas, pueden describirse en términos ondulatorios y sufren fenómenos propios de las ondas como la difracción, etc.; por otro lado, existe una indeterminación en el mundo atómico que hace inaplicable en él las leyes de Newton. Si sabemos con precisión dónde se halla un electrón cometemos un apreciable error en la medida de su velocidad, por lo que no podemos dibujar su trayectoria. Lo mismo pasa con otros pares de variables conocidas como "conjugadas". 

         Previamente (1905) Einstein había interpretado el efecto fotoeléctrico considerando la luz de naturaleza corpuscular (la energía de la onda luminosa se acumula en pequeños "paquetes" conocidos como fotones), de modo que, al chocar sobre los electrones externos de los átomos, son capaces de arrancarlos si disponen de suficiente energía (frecuencia).

         Los desarrollos de la electrodinámica y de la Mecánica Cuántica llevaron a considerar la mecánica newtoniana aplicable solamente en condiciones muy restringidas, siendo un caso particular de aquélla; desaparece la noción de "vacío" y pasa a dominar la de un continuo espacio-tiempo donde los campos están siempre presentes, de modo que allí donde estos se hacen más intensos, surgen las partículas (masa y carga eléctrica).

         La vieja tendencia a dicotomizar los sistemas y jerarquizarlos en partes (dominante en los siglos anteriores) cambió también en la segunda mitad del siglo XX para dar prioridad a la interrelación entre las mismas a la hora de estudiar su evolución; surgió así la Teoría de Sistemas Dinámicos, aplicable tanto en Biología, Ecología, Climatología, etc. En ella, cada pequeño acto o suma de actos de un sistema provoca en él una transformación direccional, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de recalcular su evolución futura.

         En la segunda mitad del siglo XX surgió también la Física del Caos; la incertidumbre no se halla sólo en el mundo microscópico (Heisemberg), sino también en el macroscópico. La Mecánica, que todo parecía resolverlo hasta el presente, empezó a verse impotente también para predecir la evolución de sistemas relativamente sencillos, como el péndulo doble (un péndulo adosado a otro, oscilando ambos libremente); pequeñas variaciones en las condiciones iniciales llevan a grandes desviaciones entre lo predicho por las ecuaciones y el comportamiento real del sistema. En particular, sabemos ahora que el Sistema Solar -un reloj perfecto para Newton, una maquinaria divina y por tanto inmutable para los antiguos- se mantiene estable durante cierto tiempo, pero nada impide en él que, alcanzadas determinadas condiciones críticas, pierda su aparente estabilidad para sufrir una transformación drástica e impredecible, pasando a un nuevo régimen posteriormente.

         La visión actual es que el Orden y el Caos conviven en la naturaleza simultáneamente (algo así como Dios y el Diablo en el pasado), y ambos conforman el dinamismo de los procesos que suceden en nuestro entorno. Sigue vigente el concepto de que la naturaleza tiende a la optimización de todos sus procesos, o sea, a minimizar la energía (los sistemas tienden espontáneamente a minimizarla) y los esfuerzos (la luz avanza en línea recta, etc.). Pero la interrelación y dependencia de las partes entre sí y con el todo es algo cada vez más apreciado entre los científicos a la hora de interpretar los hechos; a la par, la tendencia al fraccionamiento y a la superespecialización de décadas pasadas ha dado paso a buscar más y más la interdisciplinariedad, de modo que aumenta el número de equipos de investigadores que coordinan sus esfuerzos desde conocimientos muy dispares.

         Estas nuevas tendencias están dando ya sus frutos en materia de ecología, biodiversidad, evolución climática, etc. Hoy ya no se levantan sonrisas cuando vuelve a considerarse la Tierra como un superorganismo en el que las partes trabajan integradas en un todo, de modo que sólo sobrevive (es estable) la especie o el proceso que tiende a optimizar la economía global. Ello ha dado lugar a la gran teoría conocida como "Hipótesis Gaia" de James Lovelock, de la que la Teoría de la Evolución de Darwin sería un caso particular.

         En esta nueva visión (y tan vieja a la par para los pueblos antiguos y las culturas tradicionales) radica el gran aprecio que se tiene ahora por la biodiversidad, y a la inversa, el temor suscitado por la tendencia creciente a la extinción de especies y de grandes ecosistemas (Amazonía, selvas de Borneo, etc.), por lo que supone para la estabilidad de las demás poblaciones. Los elefantes, considerados hasta hace poco seres destructores de las selvas por su enorme consumo diario de alimento vegetal, se los tiene ahora por preservadores; una consideración menos simplista ha hecho ver que, dado lo primitivo de su sistema digestivo, devuelven al suelo un alimento poco transformado, de modo que el efecto neto sobre el ecosistema es aumentar la fecundidad del suelo a través de sus excrementos.

         En un apartado posterior veremos enseguida que, consideraciones similares en Medicina, pueden llevarnos (o, mejor aún, devolvernos) a antiguas concepciones del hombre en sus relaciones con el entorno próximo, Sistema Solar incluido.

 

         La ciencia antigua vista desde el presente       

          1.- Unicidad de la naturaleza. La parte como reflejo del todo, y viceversa      

         Estos principios [de la astrología griega] pueden resumirse a fin de cuentas, en el que los contiene a todos, o sea, la idea de la unidad esencial del mundo y de la interdependencia mutua de sus partes(4).

         He aquí expresado con toda claridad no sólo el fundamento esencial de la Astrología de todos los tiempos, sino el de la ciencia antigua en general. Henri Poincaré, el gran matemático francés que se quedó a las puertas de dar con la relatividad antes de Einstein a finales del siglo XIX, no pensaba de manera diferente:

         Observemos en primer lugar que toda generalización supone en cierta medida la creencia en la unidad y en la simplicidad de la naturaleza. Para la unidad no puede haber dificultad por ello. Si las distintas partes del Universo no fueran como los órganos de un mismo cuerpo, no actuarían unas sobre otras, se ignorarían mutuamente; y nosotros en particular no conoceríamos más que una sola. No tenemos, pues, que preguntarnos si la naturaleza es una, sino cómo es una(5).

         Así pues, parece ser que las nuevas aguas vuelven a mover los viejos molinos y soplan aires vivificadores para el pensamiento tradicional.

         Una de las cosas que más sorprenden extramuros de la Astrología es la proliferación de técnicas interpretativas y prospectivas diferentes a la hora de enjuiciar un tema astral particular; al juicio ligero esto podría parecerle suficiente para concluir que todas ellas son falsas, pero se trata de una conclusión demasiado aventurada. Lo misma pasa con el hecho de que de uno solo o varios factores del horóscopo ya puede extraerse en muchos casos una parte sustancial de información, a veces sorprendente.

         Los sistemas complejos poseen la llamada "propiedad holográfica", en analogía con los hologramas, fotografías tridimensionales que datan de los años 60 y presentan la curiosa propiedad de que si se rompen en dos partes resultan dos imágenes similares, sólo que con menos resolución que la primitiva. El proceso puede repetirse, con la misma consecuencia.

         Muchos de estos sistemas complejos también poseen propiedades fractales (un fractal es una expresión matemática que, al ser representada gráficamente mediante computadoras, presenta la propiedad de que la parte es análoga al todo; es decir, si se ignora el efecto de la escala, no podemos distinguirlos). Propiedades fractales presentan el crecimiento de las nubes, los depósitos en las cubas electrolíticas, algunas formaciones vegetales, la generación de costas y perfiles montañosos, etc.

         Esta propiedad de que una parte del ser humano refleja el todo y a la inversa es conocida de muy antiguo; hoy tenemos la Quirología como una ciencia racional en ciernes, la cual muestra a través de la observación concienzuda de las manos, claramente y con precisión, algunos aspectos esenciales de la genética del individuo, del estado de sus órganos y de la salud. Análogamente, el diagnóstico por el iris está siendo progresivamente utilizado por los médicos (en tan escaso espacio se encuentra también una preciosa información sobre el organismo completo); dentro de la Reflexología se detectan los órganos afectados a través de la pulsión de los pies, de las manos, de los oídos, etc., y al revés, pueden estimularse los órganos a distancia, desde esas mismas zonas del cuerpo.

         La versatilidad del horóscopo como diagrama complejo que es refleja la propiedad holográfica del sujeto a quien pertenece; no podía ser de otro modo, dada la manera de construir propia de la naturaleza.

        

         2.- Sintonía con el universo, resonancia

         Si la naturaleza es una y sólo una, las partes deben estar unidas por algún principio rector, presente en todos los fenómenos que suceden ante nosotros; este principio no es otro que el de la resonancia, bien conocido de antiguo. Los osciladores intercambian energía de un modo significativo cuando vibran a la misma frecuencia (n=1, armónico fundamental), disminuyendo rápidamente para armónicos superiores (curva de resonancia en forma de campana de Gauss).

         Hoy sabemos que los grandes cambios climáticos y las eras geológicas tienen en los ciclos astronómicos una causa de primer orden (Teoría de Milankovitch). Por otro lado, hemos demostrado a lo largo de nuestros trabajos (Planetas y clima. Un estudio astrometeorológico de las rachas climáticas) que el movimiento de los planetas lentos juega un papel importante en el desarrollo de las secuencias de años secos y lluviosos; su efecto cuantitativo es poco notorio (despreciable para la Mecánica Clásica), pero la solidaridad existente entre las partes y su barrido continuado se muestran efectivos, de modo que pueden ser utilizados en el pronóstico del tiempo a largo plazo.

         Hablamos de causas débiles, y más lo es aún en apariencia la luz de la Luna o de los planetas; pues bien, debemos recordar aquí que, por pequeña que sea la radiación de Júpiter, por ejemplo, está presente entre nosotros y es suficiente para excitar los niveles electrónicos de los átomos y moléculas (no es cuestión de intensidad -cantidad-, sino de frecuencia -calidad-). En particular, las moléculas orgánicas, de gran tamaño, son susceptibles de entrar en resonancia (y por tanto acumular energía) con un ancho espectro de frecuencias. 

         Otra característica de los seres vivos, debido a su complejidad, es la gran necesidad de vínculos internos que necesitan para la coexistencia en equilibrio de sus diversos componentes (tejidos, órganos y funciones), lo que los hace susceptibles a influjos más y más débiles conforme aumenta su grado de complejidad. Estas consideraciones abren las puertas, con nuevas perspectivas de la ciencia actual, a las antiguas concepciones.

 

         3.- Armonía, belleza, proporción

         Consecuencia de la resonancia y de la sintonía entre las partes de la Naturaleza es la de la armonía (matemática) entre ellas; cuando pensamos en "armonía" lo hacemos también en el sentido de "estética" y "belleza", de partes que ensamblan o conjuntan entre sí. Platón ya se refería a ello al hablar del "triángulo más bello" en el Timeo, un texto aparentemente oscuro si se ignoran conceptos de la época (que siguen siendo conocidos y están plenamente vigentes).

         La Astrología de todos los tiempos ha tratado de explicar el efecto de los astros mediante la música (música de las esferas de la que hablan la mayoría de autores clásicos, por "música" en la antigüedad hemos de entender "Física del sonido"), y los "aspectos" planetarios, comparándolos con las armonías musicales (Ptolomeo en Armónicas y Tetrabiblos, Nicómaco de Gerasa en el Manual de los armónicos, Kepler en Harmonices Mundi, etc.).

         Entramos de lleno en una teoría matemática pura de la Astrología, pues el hecho de que una onda viaje siempre con sus trenes de armónicos resalta la importancia en la naturaleza de los números naturales (n = 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, etc.) y de los fraccionarios sencillos (1/2, 2/3, 4/5, etc.), como puede comprobarse en múltiples leyes físicas, donde aparecen números enteros (ley de la gravitación universal, de Coulomb, Stefan, etc.) y lo mismo en los números cuánticos de los átomos.

         La teoría armónica está presente en la ciencia antigua y constituye uno de sus elementos más importantes; la única diferencia con la actual es que ahora tenemos un aparato matemático mucho más desarrollado y computadoras para tratar con ondas reales. La cábala judía, heredera de la babilónica, a falta de tales sofisticaciones, simplificó los términos confundiendo el número del armónico con el propio armónico (numerología cabalística).

         Así que tenemos posibilidades inigualables para retomar la cuestión y explicar hechos conocidos de muy antiguo con las herramientas que nuestros antepasados para sí hubieran querido poseer. 

                  

         4.- El hombre es un reflejo del universo

         La Física del siglo XX ha concedido un papel fundamental no sólo al observador que hace las medidas durante un experimento, sino también a su especie como protagonista de una aventura excepcional, la de la vida. En efecto, la ciencia no sólo debe aplicarse a sistemas físicos sencillos (mezclas de gases, coloides, conducción eléctrica, etc.), pues nada impide, al contrario, resulta muy deseable, que se aplique a la comprensión del ser humano y de su existencia en la Tierra. Aspecto que, dicho sea de paso, se dejó durante los últimos tiempos en manos de sujetos y ciencias marginales como fueron en su día psicólogos y psiquiatras, la Psicología y la Psiquiatría.

         Y sin embargo, ¿qué labor más noble puede haber que desentrañar ese misterio y poder responder a las preguntas de la esfinge? ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? "Conócete a ti mismo", se dice que rezaba un cartel a la entrada de la academia de Platón. ¿Será por haber dado la espalda la ciencia moderna a tales cuestiones que la Astrología y materias afines comenzaron a levantar cabeza en la pasada centuria después de casi dos siglos de ostracismo?

         ¿Qué cosa más lógica, por otra parte, que los seres vivos sean el reflejo de su entorno inmediato? Las plantas encuentran sustento y alimento en el suelo, en el agua y en la luz; los animales dependen de ellas, y por supuesto la especie humana. Nuestro soporte físico está en la Tierra (alimentos), pero en cuanto a energía dependemos en última instancia del Sol, por lo que no puede resultar sorprendente que en las civilizaciones antiguas fuese adorado y tenido por dios (fuerza generadora y formadora de la naturaleza).

         Tenemos ojos porque fuera hay luz, y oídos porque nos movemos en un medio acústico; nuestro olfato identifica las diversas sustancias, y el tacto su textura. Disponemos de huesos porque en la tierra hay rocas, de nitrógeno en las proteínas porque este elemento está presente en el aire y dependemos del agua estrechamente, el compuesto más abundante del globo terrestre.

         Nada nos impide conjeturar, al contrario, resulta lo más lógico que, dado que la vida se caracteriza por disminuir la entropía en los seres, hemos llegado ser como somos por sucesiva agregación y complicación, desde los primeros aminoácidos, las primeras proteínas capaces de autorreplicarse, las primeras células, organizaciones celulares, etc., evolucionando siempre en un ambiente cíclico (el cielo y la noche de cada día, de cada mes, de cada año, de cada ciclo planetario). Por eso no debe sorprender que una de nuestras características sea la de sintonizar con extrema facilidad una señal externa y acoplarnos a su ritmo.

         Razonando a la inversa, si hay inteligencia racional en el hombre también debe haberla en el exterior (un principio ordenador, theos o dios); y yendo más allá, puesto que disponemos de dos hemisferios cerebrales, uno lógico-racional-analítico y otro intuitivo y sintético, también debe existir otra realidad externa no racional. La lógica no lo explica todo, la realidad es supra-racional, y así vemos épocas y culturas en las que se ha priorizado la otra vía de conocimiento. De hecho la ciencia de los astros nació de las interpretaciones que los sacerdotes mesopotámicos hacían de la voluntad de los dioses en su observación sistemática del cielo (los planetas-dioses fueron considerados mensajeros de esa voluntad divina).   

         La ciencia de los "omina" (interpretación de la realidad a través de signos o señales que suceden a nuestro alrededor) se sigue practicando en la India mediante el uso de claves simbólicas, de las que la Astrología guarda un precioso legado; no debemos sonreír ante este tipo de "adivinaciones", de hecho, el conocido psicólogo suizo Carl Gustave Jung se topó con estos aspectos poco conocidos de la realidad actualmente, y los denominó "principios conectivos acausales" (hechos simultáneos aparentemente inconexos para la interpretación lógico-racional). En Astrología son de experiencia común y los llamamos ahora "constelaciones de hechos".

         Podemos concluir que no somos otra cosa sino un trozo de universo que se ha desgajado de la corriente general, individualizándose en un ser organizado, pero no aparte del resto, ni de sus ciclos, ni de sus ritmos (regidos por el cielo, no lo olvidemos, que gira sin parar sobre nuestras cabezas). Que seamos un espejo vivo de la naturaleza, que el microcosmos humano constituya un reflejo del macrocosmos, resulta lo más lógico del mundo; lo aberrante es suponer lo contrario, cosa que, desgraciadamente, ha sido dado por hecho en las últimas centurias y ha dado lugar a cuantos desastres medioambientales hemos asistido en ese tiempo (el hombre considerado como algo ajeno a la naturaleza).  

         Pero hoy soplan otros vientos, y, por supuesto, se abren nuevas puertas.

 

         Lagunas en la interpretación de los hechos: el caso de la Medicina como ejemplo

         El éxito de la ciencia surgida a partir de Newton en los siglos XVII y XVIII fue tan deslumbrante que eclipsó todo lo que sonara a anterior al gran científico inglés. La Física y la Química se desarrollaron sin cesar sobre leyes y principios precisos, y la Biología y la Geología no tardaron en sufrir el mismo proceso.

         ¿Y la Medicina, cuyo objeto principal es restituir la salud perdida, o preservarla en los sujetos sanos? Cuando se trata del estudio del hombre como tal, asistimos a un proceso totalmente diferente. Las ciencias anteriormente citadas avanzaron rápidamente debido a los nuevos enfoques (estudio de sistemas sencillos, aislamiento de las partes y experimentación controlada en laboratorio); en cambio, al abordar sistemas más complejos, en particular los seres vivos, y por supuesto nuestra especie, el avance se reveló mucho más lento.

         Pasteur encontró los agentes microbianos responsables de muchas enfermedades, pero hoy sabemos que la bacteria o el virus no constituyen la única causa de la enfermedad. Fleming descubrió la síntesis química de los antibióticos y él mismo previno contra el uso indiscriminado de los mismos; también hemos aprendido posteriormente que las bacterias son capaces de desarrollar estrategias para adaptarse a los ataques farmacológicos y volverse resistentes. Una vez más observamos que los procesos in vivo son complejos y están continuamente reelaborando nuevos equilibrios entre sí.

         En pleno florecimiento de la modernidad tenemos una figura histórica para la ciencia, el médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843), creador de la Homeopatía. Una terapéutica que, precisamente, desafiaba (y aún lo sigue haciendo) a las teorías y modelos de la Química, así como a las normas de trabajo utilizadas habitualmente por médicos y farmacéuticos. En efecto, la Homeopatía diluye las sustancias por debajo del número de Avogadro (una de las constantes fundamentales de la Química, el número de moléculas contenido en un mol de sustancia, 6,022.1023), lo que unido a la sucusión (golpeteo repetido de la sustancia diluida en solución hidroalcohólica o lactosa) potencia sus efectos de modo inverso al señalado por las teorías en boga (lo lógico sería que, a menos cantidad, menos efecto farmacodinámico).

         El método científico, que alardea de que los hechos deben ser interpretados, no ha resuelto todavía el problema; para muchos ha sido más fácil hablar de efecto placebo, o simplemente, negar los hechos, lo mismo que en el caso de las observaciones de los astrólogos.

         La Homeopatía hunde sus raíces en la Alquimia (otro de los puntales de la ciencia de la Antigüedad), aunque Hahnemann eludió hablar de dónde tomó la idea:

         Hacia el momento en el que nació Hahnemann, la mentalidad racionalista estaba ya bien atrincherada con la materialista y autosuficiente complacencia de su "síndrome del mundo único". Los órdenes superiores de la realidad contaban ahora bien poco excepto en los monasterios, y el fundador de la homeopatía se encontraba ante la paradoja de tener que promulgar de manera científica una medicina basada en principios "precientíficos". Haber invocado para sus procedimientos una fuente alquímica hubiera sido como si un biólogo en nuestros días presentase para su doctorado una teoría emanacionista -y más aún creacionista- del universo(6).

         El hecho del alargamiento de la vida en los países industrializados o del enorme avance que vemos en el desarrollo de las técnicas quirúrgicas no debe obnubilarnos para constatar que en el desarrollo de la Medicina como ciencia queda mucho por hacer, mucho más que en otras ramas del conocimiento humano. El retraso de la muerte ha aumentado básicamente debido a la higiene y a la mejora de las condiciones de vida (aguas potables, calefacción, trabajos menos pesados, etc.).

         El "ojo clínico", que poco tiene que ver con lo "científico" en el sentido que damos a esta palabra, sigue siendo una herramienta muy utilizada en los consultorios médicos; del mismo modo subsisten en Medicina un conjunto de creencias admitidas, que no tienen otra validez que el consenso existente sobre ellas. La rapidez con que unos medicamentos son sustituidos por otros nuevos (y no sólo por intereses comerciales, sino por la complicación que supone la aparición de efectos secundarios indeseables), es todo un signo de la precipitación y del caminar a ciegas con los que se mueve la Medicina actual; en materia de Dietética las opiniones se multiplican, y lo que hoy es blanco mañana será negro y al otro Dios dirá.

         Pero donde la Medicina revela su verdadero punto flaco es en la falta de leyes y principios en los que toda ciencia, para ser admitida como tal, debe basarse:

         A causa de estas dudas, se han vuelto a popularizar las terapias alternativas, y las personas las prueban de forma desesperada e indiscriminada. Una vez se produce el desencanto de los métodos ortodoxos, uno se encuentra en la situación adecuada para evaluar, de forma segura y fidedigna, la eficacia y la seguridad de los alternativos. Así, por contraste, parece claro que el sistema médico predominante no ha explicado las leyes y los principios que rigen la salud y la enfermedad. Esta explicación no se ha previsto porque en realidad no se ha formulado, ni siquiera entre la propia profesión médica. Si nos remontamos en la historia médica, encontraremos volúmenes llenos de datos empíricos y de resultados experimentales, pero no leyes o principios generales que los apoyen o surjan de ellos. No es una deslealtad concluir que la medicina es la única rama de la ciencia que ha basado su estructura en opiniones y suposiciones en lugar de leyes y principios(7).

         El último esfuerzo conocido en hacer una abstracción científica de la Medicina es muy probablemente el de la escuela hipocrática griega, entre los siglos VI y V a.C., en el que, por cierto, una de sus partes la constituye la Yatromatemática. Se trata de la misma época en que se formuló la astrología griega tal como la conocemos; la medicina hipocrática se basa en la observación y el pronóstico (para ello se tiene en cuenta el movimiento de la Luna a partir del momento en que el paciente se acuesta o siente mal). Volveremos a este asunto en el Capítulo IV.

         Estamos por tanto ante un enorme vacío científico sobre el que deben construirse nuevos edificios. El hecho homeopático reclama modificaciones en la Química-Física capaces de interpretarlo, y lo mismo sucede con el hecho astrológico, estrechamente ligado a esas lagunas de la ciencia médica.

         Porque el tiempo de la vida del hombre no es azaroso, ni éste crece y se desarrolla a ritmos marcados por el capricho, ni enferma o pasa crisis siguiendo una cronología anárquica, sino siguiendo ritmos y ciclos bien determinados por el ambiente cíclico que lo rodea.

         Otras cuestiones importantes que la Medicina actual no contempla a la hora de evaluar la salud o la enfermedad en los individuos: ¿cuál es el objeto de la vida humana? ¿Es importante encontrar el camino propio de la existencia, hay algún sendero trazado que estamos llamados a descubrir? ¿Por qué el estado emocional del paciente es tan importante para su salud? ¿Por qué el plano mental domina a todos los demás en el hombre?

         La respuesta a estas cuestiones ha constituido y constituye uno de los objetos principales de la ciencia astrológica de todos los tiempos.      

 

         El necesario reencuentro entre la vieja y la nueva ciencia

         Si la Astrología salió de la Universidad, y con ello vino parejo el abandono de muchos elementos de las antiguas doctrinas científicas, no fue porque careciera de principios, ni tampoco porque estos fuesen falsos o inadecuados. Al contrario, la ciencia antigua partía de una cosmovisión que ya ha empezado a vislumbrarse por la investigación actual, caracterizada por la solidaridad e inseparabilidad de las partes, en la que la totalidad se halla interrelacionada. Esta totalidad sistémica se halla dominada a su vez por el Principio de resonancia, y por tanto de armonía y sincronismo.

         La ciencia nacida de la crisis de los siglos XVI y XVII se caracterizó, al contrario de la anterior, por el principio de separatividad, que priorizó el análisis sobre la síntesis; por el reduccionismo, tanto filosófico como mecanicista, y por el positivismo empírico (cuando la experimentación, sin una teoría, hipótesis o abstracción previa, carece de sentido científico). En esta visión encorsetada de la realidad el Sistema Solar era una máquina muerta, un simple mecanismo de gran tamaño, sin objeto definido, inerte, que obedecía ciegamente las leyes de la Mecánica establecidas por un grupo de hombres de brillante inteligencia. El observador, en materia científica, constituía un mero objeto, por completo independiente de lo observado.

         Ya hemos visto que toda esta visión del mundo es actualmente una ruina; del mismo modo, la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica, que han abierto ampliamente nuestros ojos a un panorama bien distinto, podemos considerarlas como modelos de transición, pues todavía no se hallan plenamente consolidadas y terminadas.

         Pero su evolución -todo parece indicarlo- apunta hacia unos moldes perfectamente encajables en el pensamiento antiguo, lo cual no debería extrañarnos, pues en lo milenario -y el corpus astrológico lo es- siempre se halla, más allá de lo momentáneo y superficial, un núcleo sólido bien asentado y fiable, al que debe sus garantías el haber resistido el paso del tiempo, más allá de las modas y las tendencias efímeras.

         Decíamos anteriormente que el nuevo paradigma científico surgido del siglo XX nos ha hecho conocer la equivalencia entre masa y energía (Einstein); pues bien, los físicos creen que para describir sus sistemas es necesaria aún una tercera variable, la información. En la época de las computadoras, podemos decir, para comprenderlo mejor, que la naturaleza trabaja con sus propios programas, con su propio software; esto nos abre las puertas de nuevo a la vieja visión del mundo.

         En efecto, ¿dónde halla el ser vivo la información que lo pone en hora con el cosmos? En la luz de los astros, sin ninguna duda, por poca cosa que nos parezca (salvo la del Sol). Hasta llegar al hombre, en todas nuestras etapas anteriores -desde las primeras moléculas, pasando por los seres primitivos y toda la secuencia filogenética- hemos evolucionado en ese medio ambiente cíclico; recordemos que la luz tiene incidencia sobre el plano atómico y molecular (excitaciones en los niveles electrónicos de los átomos y resonancias con los enlaces químicos de las moléculas), por lo que, aunque la bajísima intensidad de la radiación de un planeta, Marte, por ejemplo, pueda parecernos insignificante, ha estado siempre ahí, lo cual puede compensar con la permanencia su debilidad.

         Estas y otras consideraciones similares han permitido formular a Demetrio Santos sus "Principios Astrológicos":

         PRIMERO. El ambiente influye en el ser vivo: este es el resultado de sus influencias anteriores y actuales. Tenemos los órganos o sistemas que responden a la influencia exterior correspondiente.

         SEGUNDO. La principal acción de los astros sobre el ser viviente se debe a la gama luminosa de la radiación. Su variación en intensidad y cromatismo produce la transformación biológica, causando la evolución de las estructuras moleculares y orgánicas.    

TERCERO. Los sistemas biológicos sintonizan, del exterior, su propia frecuencia interna:

         A) Cada frecuencia del espectro cromático opera a nivel atómico-molecular.

         B) Cada período de repetición en intensidad o cromatismo de la luz modifica el sistema o estructura supermolecular orgánico correspondiente a ese período.

         CUARTO. La intensidad y la variación del flujo luminoso causa la transformación y actividad del ente biológico.

         A) La intensidad determina el número de elementos de la estructura que se transforman.

         B) La variación o gradiente expresa la velocidad de transformación.

         C) Generalmente se toma como favorable dentro de los límites de funcionamiento orgánico, la variación positiva; como desfavorable la negativa.

         QUINTO. La formación de un conjunto biológico implica su parcial aislamiento del medio; con ello refuerza sus propios ciclos, que han de acoplarse a los exteriores si ha de sobrevivir. En sí mismo se convierte en un campo de propagación de ondas biológicas(8).        

         Este mismo autor ha desarrollado también su Teoría de las Ecuaciones Fundamentales, de las que se deducen matemáticamente buena parte de los elementos utilizados tradicionalmente por la Astrología (Zodíaco, Casas, aspectos, etc.). Ante este intento de formular científicamente la Astrología, un escolástico del siglo XX se atrevió a decir lo siguiente:

         En lo esencial... ignora sistemáticamente el método científico y mezcla incluso en sus cálculos más complicados, elementos mágicos (como los signos o aspectos) con elementos matemáticos de cálculo ondulatorio teórico...

         No oculto mi decepción por la pobreza intelectual de semejantes razonamientos... Por cierto, ya me gustaría saber cómo ejerce un planeta situado a enorme distancia un efecto químico diferenciado sobre dos células distintas del cuerpo humano aquí, en la Tierra. Ni el más osado escritor de ciencia-ficción ha osado esgrimir nunca un argumento tan peregrino...

         Como todos los astrólogos, Demetrio Santos realiza afirmaciones tajantes sin molestarse en ofrecer demostración alguna. Y lo que es peor, desarrolla todo un cuerpo de doctrina, aparentemente complejo y difícil desde el punto de vista matemático, sobra la nada(9).

         En un breve resumen podemos decir que para la visión del astrólogo zamorano el Zodíaco constituye un campo ondulatorio y los hechos importantes se producen cuando hay aspectos planetarios, que no son elementos mágicos, como dice Toharia (o no leyó o no comprendió la teoría de Santos), sino las posiciones en las que la divergencia de los distintos armónicos es máxima (y por tanto hay que esperar la crisis o transformación del sistema sintonizado a ellos). De esta teoría se deduce que el aspecto de cuadratura (90°) se genera en el plano de resonancia (armónicos 1 y 2) un poco antes, a 82°, cosa que también había sido deducida empíricamente por algunos autores antiguos (Hermes, Ben Ezra, Juan Hispano), aunque la mayoría no lo haya tenido en cuenta. De alguna manera, esta teoría propone hechos nuevos a descubrir, lo que la avala como tal en los términos exigidos actualmente a una abstracción de este tipo. 

         Una visión muy diferente a la de Demetrio Santos la encontramos en otro astrólogo español que ha trabajado con el mismo fin, la búsqueda de una formulación físico-matemática que explique el influjo observado en los astros desde antiguo. El matemático alicantino Miguel García Ferrández, utilizando las posiciones planetarias como puntos de una onda y aplicando el análisis armónico de Fourier, ha priorizado las analogías existentes entre algunas formulaciones de la Mecánica Cuántica y el horóscopo tradicional. Esto puede sonar pretencioso o iluso a algunos; pero no se pueden derribar con una frase, pronunciada desde el inseguro pedestal que dan los títulos o los reconocimientos oficiales, el trabajo y la búsqueda paciente, pero sobre todo honrada, de muchos años; la verdad, antes o después, acaba por reconocerse, y las palabras vanas, como las medallas que unos se conceden a otros, se las lleva el viento:

         Hace unos meses descubrí (1997) que la función de onda planetaria guardaba una estrecha relación con los recuentos de aspectos. Desde el punto de vista matemático no es un logro excepcional, está al alcance de cualquier estudiante de Matemáticas. Desde el punto de vista astrológico supone la diferencia entre moverse a ciegas en una maraña de cartas, progresiones y direcciones, o disponer de una función cuantificable para estimar la probabilidad de sucesos...

         ...En Física, la función de onda de un sistema mecánico-cuántico es una función compleja cuyo cuadrado se interpreta como la probabilidad de obtener determinados resultados en una medida(10).

         Es decir, el aspecto entre planetas u otros puntos de una carta astral se interpreta en este modelo como probabilidad de que ocurra un suceso. A otro nivel, el resultado es el mismo al que llega Demetrio Santos, y de modo parecido se explicó Kepler en Harmonices mundi (siglo XVII).

         Otra noticia de interés aportada por Miguel García es la de que los antiguos, a falta de unas matemáticas más desarrolladas, supieron ingeniárselas para sumar ondas antes de que fueran descubiertos los números complejos; tal es el caso de los llamados partes arábigos, cuyas recetas aparentemente sin sentido podemos ver a través de numerosos autores medievales, y ahora ya somos capaces de comprender racionalmente:

         Si el Ascendente se representa por el número complejo A; p1 representa la posición de la Luna y p2 la posición del Sol en la carta de una nacimiento diurno, el producto complejo A x p1 x p2* es exactamente el Parte de Fortuna(11).

         En el campo de la predicción de las rachas climáticas, nosotros mismos hemos asimilado el giro constante de los planetas alrededor de la Tierra a un gigantesco oscilador; en este modelo el Sistema Solar es contemplado como una inmensa maquinaria de relojería, la cual va dando cuerda con su giro a todos los conjuntos que, por resonancia, permanecen conectados con la Tierra. Nadie podrá negarnos que el ciclo climático anual es consecuencia del movimiento del Sol (si tomamos coordenadas geocéntricas); despreciar la presencia de la Luna y de los demás planetas, por débil que pueda resultar su influjo comparativamente, es una enorme temeridad conceptual, después de lo dicho sobre la solidaridad existente entre las partes constitutivas de un sistema complejo y la unicidad con que trabaja la naturaleza.

         De hecho, hemos interpretado buena parte de las rachas climáticas del siglo XX desde este punto de vista, lo que nos ha permitido predecir otras con meses de antelación.

         El camino para la convergencia entre la vieja y la nueva ciencia está preparado; puede ser cuestión de una, dos o más generaciones, y difícilmente se verá impedido este logro para la humanidad. El anciano echará retoños, y el trauma de los siglos XVI y XVII se verá definitivamente superado. La adolescente, por su parte, volverá al hogar alcanzada la edad adulta.

        

         Notas

         1.- Carta de Galileo a Kepler. Citada en Fundamentos de la Física moderna. Gerald Holton y H.D. Roller. Editorial Reverté, S.A. Barcelona, 1972. Pág. 178.

         2.- P. Ignacio Puig, S.J. El Observatorio del Ebro. Idea general sobre el mismo. Imprenta Moderna del Ebro de Algueró y Baiges. Tortosa, 1927. Pág. 10.

         3.- Ídem obra anterior, pág. 11.

         4.- Auguste Bouchê-Leclercq. L'astrologie grecque. Cap. I, pág. 2. Réimpression de l'édition de Paris 1899. Scientia Verlag Aalen, 1979.

         5.- Henri Poincaré. La ciencia y la hipótesis. Introducción, págs. 14-15. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1963.

         6.- Whitall N. Perry. La Alquimia en la Homeopatía. José J. de Olañeta, editor. Palma de Mallorca, 1995. Pág. 10.

         7.- Georges Vithoulkas. Las leyes y principios de la Homeopatía en su aplicación práctica. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Barcelona, 1997. Pág. 22.

         8.- Demetrio Santos Santos. Principios Astrológicos, gradientes y Casas Fotoeclípticas. Ediciones José López Villa. Zamora, 1992. Págs. 11-12.

         9.- Manuel Toharia. Astrología. ¿Ciencia o creencia? Mac Graw-Hill. Madrid, 1993. Págs. 113-114. Recomendamos la lectura de este libro y su conservación para la Historia, pues presenta un paralelismo sorprendente con las diatribas que los escolásticos esgrimieron contra Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y otros puntales de la ciencia moderna.

         10.- Miguel García Ferrández. Suite armónica. Cuadernos de Investigación Astrológica MERCURIO-3 nº 6. Barcelona, 1997. Págs 149-150.

         11.- Ídem obra anterior. Págs. 150-151.

 

         Lecturas recomendadas

         L'harmonie du monde. Jean Kepler. Traducción francesa a cargo de Jean Peyroux. Editions Bergeret. Bordeaux, 1979.

         De los fundamentos muy ciertos de la astrología. Johannes Kepler. Gracentro. Zaragoza, 2003.

         Investigaciones sobre astrología. Demetrio Santos Santos. Editora Nacional. Madrid, 1978. Existe reedición de la Editorial Ciclos del Cosmos. Madrid, 1999.

         Astrología teórica. Ecuaciones fundamentales. Demetrio Santos. Editorial Barath. Madrid, 1985. Existe reedición en Zamora, 2003.

         Astrología física. Demetrio Santos. Editorial Barath. Madrid, 1988.

         Armónicas. Claudio Ptolomeo. Traducción y notas Demetrio Santos Santos. Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 1999.

         Principios astrológicos, gradientes y Casas Fotoeclípticas. Demetrio Santos Santos. Ediciones José López Villa. Zamora, 1992.

         Suite armónica. Miguel García Ferrández. Cuadernos de Investigación Astrológica MERCURIO-3 nº 6. Barcelona, 1997.

         Las leyes y principios de la Homeopatía en su aplicación práctica. Georges Vithoulkas. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Barcelona, 1997.

         La Alquimia en la Homeopatía. Whitall N. Perry. José J. de Olañeta, editor. Palma de Mallorca, 1995.

         Fundamentos de la Física Moderna. Gerald Holton, H.D. Roller. Editorial Reverté, S.A. Barcelona, 1972.

         Diccionario de Historia de la Ciencia. W.F. Bynum, E.J. Browne, Roy Porter. Editorial Herder. Barcelona, 1986.

         Orden y caos. Libros de Investigación y Ciencia. Diversos artículos y autores. Prensa Científica. Barcelona, 1990.

         El reloj de Newton. Caos en el Sistema Solar. Ivars Petersen. Alianza Editorial. Madrid, 1993.

         Geometría fractal. Algorítmica y representación. Javier Barrallo Calonge. ANAYA Multimedia. Madrid, 1993.

         Astrology and Science: Two Worldviews searching for a Synthesis. Jesús Navarro. Sophia Centre, Bath Spa University College. June, 2003.

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